Los que se sienten seguros en la playa no se preocupan por
los que se ahogan. Es comprensible. En la playa se la pasa bien, hay solcito,
lindas chicas, hombres bien dotados y tallados en gimnasios, gente buena y
feliz. Los que se ahogan, en cambio, no pueden solos contra la marea y las
corrientes. Los tiburones acechan. No hay sirenas entre las olas sino divinas
tumbas de sal. Los que se sienten seguros en la playa nunca oyeron hablar de
maremotos y, además, están dormidos. No saben que a veces una ola barre con
todo. Se ríen, los que están en la playa, de los que se ahogan.
Pero eso se debe, básicamente, a los efectos naturales de la desinformación.
Los que se sienten seguros en la playa no saben nada sencillamente porque están
dormidos. Los ahogados, en cambio, están en contacto directo con la verdad más cruda, es decir, son los únicos despiertos.
L.






































